Cuando se pone uno a pensar en técnicas amatorias, lo primero que viene a la mente es el Kamasutra. Edaf publicó el año pasado una buena versión, procedente de la nueva traducción inglesa directamente del sánscrito. El resto de traducciones siguen dependiendo, lamentablemente, de la versión puritana, medio censurada, que nos entregó Richard Burton en 1883.
Contamos con otro gran libro de psicología y técnicas amatorias, más cercano a nuestros parámetros culturales, y de una actualidad deslumbrante: Arte de amar, de Ovidio. Como muestra, baste este pasaje.
[Cómo en la cópula actuará el varón]
He aquí que recibe a los dos enamorados el lecho
confidente de sus cuitas. Musa, no abras la
puerta cerrada del dormitorio. Sin tu ayuda las palabras
elocuentes brotarán espontáneas de los labios;
allí las manos no permanecerán ociosas y los dedos
sabrán deslizarse por las partes donde el amor templa
ocultamente sus flechas. Así en otros días lo hizo
con Andrómaca el valeroso Héctor, cuyo
esfuerzo no brillaba sólo en los combates, y así el
gran Aquiles con su cautiva de Lirneso, cuando cansado
de combatir se retiraba a descansar en el lecho
voluptuoso. Tú, Briseida, permitías que te tocasen
aquellas manos que aun estaban empapadas con la
sangre de los frigios. ¿Acaso no fue esto mismo lo
que más te soliviantaba, viendo orgullosa cómo acariciaba
tu cuerpo su diestra vencedora? Créeme, no
te afanes por llegar al término de la dicha; demóralo
insensiblemente, y la alcanzarás completa. Si das en
aquel sitio más sensible de la mujer, que un necio
pudor no te detenga la mano; entonces observarás
cómo sus ojos despiden una luz temblorosa, semejante
al rayo del sol que se refleja en las aguas cristalinas;
luego vendrán las quejas, los dulcísimos
murmullos, los tiernos gemidos y .las palabras adecuadas
a la situación; pero ni te la dejes atrás desplegando
todas las velas, ni permitas que ella se te
adelante. Penetrad juntos en el puerto. El colmo del
placer se goza cuando dos amantes sucumben al
mismo tiempo. Esta es la regla que te prescribo, si
puedes disponer de espacio y el temor no te obliga a
apresurar tus hurtos placenteros; mas si en la tardanza
se oculta el peligro, conviene bogar a todo
remo y hundir el acicate en los ijares del corcel.




