A Noe, por compartir su entusiasmo.
Acabo de leer un librito sobre las reuniones de Tapersex. El concepto no es nuevo, ya que en EE.UU. Passion Parties lleva desde el 98 organizando estos encuentros de manera profesional. Y cabe suponer que de forma más amateur se ha venido haciendo desde hace años. Estos planteamientos los ha trasladado a España La maleta roja.
¿Qué es el Tapersex? Una reunión de un grupo de amig@s en la que se presentan y venden diversos juguetes eróticos. La curiosidad, risas, suspicacias y entusiasmo que despierta la situación es un caldo de cultivo complejo y enriquecedor. Pero de estas dinámicas, más allá de alguna que otra anécdota o impresión, se nos cuenta poco en el libro.
Según reza el subtítulo, Eva Moreno ha escrito en realidad una guía práctica de juguetes eróticos. Y como tal, aunque resulte asombroso, me parece que es la primera que se escribe en español. (Si alguien conoce otro libro al respecto, que me disculpe y lo haga saber.) Es cierto que casi todos los libros sobre sexo incluyen algún capítulo donde se mencionan con mayor o menor fortuna los juguetes eróticos, pero es de pasada y sin mucho compromiso.
Es la hora del Tapersex comienza explicando los orígenes del sex-shop que abrió la autora en 2000, y sigue con una presentación general de las reuniones de Tapersex. Su punto de partida es claro: “La sexualidad es vital y necesaria para el ser humano, siempre que parta del respeto, no se fuerce a nadie ni se le dañe psicológicamente con imposiciones. No hay un modelo de sexualidad normal, ni una frecuencia adecuada; ya dije que no hay que tomarse el sexo como una competición. Cada persona tiene su sexualidad “ (p. 20). Todo muy razonable, salvo el énfasis en que la sexualidad debe partir del respeto. Está calando cada vez más la importancia del respeto en la sexualidad, probablemente traído de los discursos contra el maltrato a las mujeres. Sin embargo, por ahí no se activa la sexualidad. ¿No será el deseo la clave que hay que resaltar?
Apenas dos páginas después, afronta la principal reticencia que puede surgir al introducir los juguetes en la vida de pareja: “A ver si le va a gustar más que yo”. El muletazo desvía la cornada: “Señores, el juguete no es un rival, sino un complemento para que disfruten los dos miembros de la pareja”.
Menos convincente es el segundo pase: “Si un hombre realmente siente que un juguete va a hacerle la competencia, es probable que tenga un problema de seguridad, y si a la mujer le acaba gustando más, quizá sea necesario resolver alguna cuestión en la relación de pareja. Sin embargo, ese conflicto ya existía antes de que se adquiriera el juguete, y éste solo lo ha puesto de manifiesto” (p. 22).
Veamos. Si el hombre se siente inseguro, el problema es suyo; si a la mujer le gusta más, es un problema de la relación. ¿Por qué? ¿No se puede sentir inseguro el hombre por cómo ve a su mujer interactuando con el juguetito a expensas del contacto con su pareja, y por tanto el problema estaría en la relación? Por el contrario, ¿no sería un problema de la mujer si prefiriese el juguete, y objetualizase su placer rótico? No me creo las afirmaciones implícitas en las preguntas, pero las planteo para que se vea el doble rasero.
Sigamos. Si a la mujer le produce más placer el juguete que su pareja, hay un problema. De nuevo: ¿por qué? Es claro que el juguete no la escucha, ni friega platos, ni comparte ilusiones, ni le hace reír, ni… Entonces ¿por qué si le da más placer (o tal vez más orgasmos) es el juguete un problema? ¿Estamos reduciendo así el papel del hombre en la pareja a dar placer a la mujer? ¿Es su cometido principal? ¿Hemos dejado de creernos que no hay que tomarse el placer como una competición y que cada cual tiene su sexualidad? ¿Acaso no se busca que ambos miembros estén satisfechos? Parece que a la autora se le ha colado de rondón la normalidad: ¡prohibido tener más placer con un pene de plástico que con el de tu pareja! El juguete, en todo caso, queda excomulgado de culpa. Si surge algún conflicto, el juguete solo lo ha puesto de manifiesto; no ha podido crear proclividades desconocidas.
Tras la presentación, el libro se divide en tres partes:
1) Cosmética erótica (lubricantes, aceites, cremas, sensibilizadores del clítoris, retardadores masculinos, polvos, plumas, pinturas, etc.).
2) Un mundo de juguetes (bolas chinas, estimuladores del clítoris, anillas vibradoras, mariposas, estimuladores masculinos, juguetes anales, dildos y vibradores, juguetes sumergibles).
3) Un poco de teatro (disfraces y accesorios, juegos de mesa, películas y libros).
Escrito con lenguaje fresco y cercano, se abordan casi todos los juguetes y posibilidades con entusiasmo, detallando procedimientos y opciones de uso. Según lo leía, he ido anotando cosas que me han llamado la atención, así que aprovecho para hacer algunos comentarios.
Se menciona la importancia de los “juegos preliminares” para evitar la falta de lubricación y se subraya la necesidad de incorporar las caricias, los lametones, etc., “que despiertan el interés por alcanzar esa comunicación con el otro, momentos en los que una mujer se siente preparada” (p. 36). A ver, a ver: preliminares, preparados, listos, ya: ¡a por el supercoito! A este paso no vamos a descoitalizar la sexualidad nunca (p. 48). Y no lo digo por ensañarme con este libro: el 99% de lo que se escribe va en la misma línea.
En el capítulo de lubricantes, sección penetración anal, se recomienda emplear “algunos específicos para esta práctica, que contienen agentes anestésicos que ayudan a calmar o adormecer la zona y a dilatar el ano” (p. 39; vid. también p.102). Esto es peligroso e insensato. Lubricantes como Anal Ease, Anal-Eze y Tushy Tumer contienen benzocaína (o un ingrediente similar como lidocaína o prilocaína) para insensibilizar el ano y el recto. Como señala en The Ultimate Guide to Anal Sex for Women la
especialista Tristan Taormino: “El sexo anal nunca debería ser doloroso. Si te duele, para. El dolor es la manera que tiene tu cuerpo de decirte que algo no está funcionando, sea lo que sea que estés haciendo. Siempre deberías escuchar a tu cuerpo. Usar lubricantes desensibilizadores puede llevar a la gente a ir más allá de lo que normalmente iría o a meterse en el culo algo más grande de lo que debería” (2006, pp. 58-59). El resultado es un ano dolorido, posibles desgarros y nulas ganas de volver a probarlo. Además, en el supuesto de que la penetración anal fuese placentera… no podrías percibirlo. Observación que habría que repetir cuando unas páginas más adelante se recomienda emplear retardadores masculinos (anestésicos locales) “para tener una larga fiesta erótica” (p. 54). El contrasentido es patente: se propone anestesiar para disfrutar. Y como el fin de esta crema es mantener la erección lo más posible sin eyacular, resulta que si te pasas con la dosis puedes perder la erección por completo –como reconoce la autora-. En resumen: la mejor recomendación que puede hacerse sobre los lubricantes anestésicos es no usarlos.
Respecto de las cremas, se propone emplearlas para potenciar nuestra creatividad y “que el sexo no ocupe siempre el primer lugar y nos podamos extender más allá de los genitales, del coitocentrismo (…)” (p. 48). No está de más disipar el nubarrón conceptual: el coitocentrismo es la reducción de la sexualidad al coito; pero uno puede centrarse en los genitales -masturbación, caricias bucogenitales- sin que haya coito. Por tanto, equiparar genitales a coitocentrismo es confundidor. (He decidido mantener el uso común de coito como penetración del pene en la vagina, a pesar de que, en rigor, eso es la cópula.)
En el segundo gran apartado, el de juguetes eróticos, me ha gustado especialmente la descripción de las características que tienen los materiales más comunes empleados en su fabricación: plástico, látex, silicona, gelatina sintética o jelly (¡ojo!, al ser porosa favorece el contagio de ITS), vinilo, piel, ciberpiel, elastomed, metacrilato y metal.
También he aprendido las diversas funciones de las bolas chinas: evitan los problemas de incontinencia urinaria, intensifican la sensibilidad vaginal y la lubricación, y aumentan la capacidad de control y satisfacción durante la penetración (p. 77).
Hacia el final del libro, la autora comparte unas reflexiones sobre el cine porno. Su intención “no es ofrecerte una película que puedas ver de principio a fin de un tirón. Su objetivo es excitarte, ya sea para que te masturbes o para que inicies el juego en pareja” (p.128).. Supongo que obviedad tan deliciosa es un descubrimiento del que quiere hacer copartícipes a sus lectoras…
Como decía al principio, creo que Es la hora del Tapersex es el primer libro publicado en español sobre juguetes eróticos. Y eso hay que celebrarlo. Sin embargo, es una pena que no haya aprovechado características contrastadas de libros semejantes en el mercado anglosajón, como el clásico Sex Toys 101, de los fundadores de Toys in Babeland, o el no menos práctico Sex Toys de Sussman. En ambos casos, vienen con abundancia de fotografías, y numerosos detalles de uso. Además, no tienen ningún pudor en nombrar marcas y recomendar las favoritas.
Desde una perspectiva sexológica, asoman algunas incoherencias conceptuales que he intentado mostrar. Con todo, creo que Eva Moreno ha escrito un libro útil, claro, sencillo y entusiasta.
El libro tiene 135 páginas, está editado por Ara Llibres, el papel tiene buen gramaje, el tamaño de letra es aceptable (Times New Roman 11), los márgenes son amplios, la encuadernación es sólida y las tapas semiduras. Contiene 10 ilustraciones y no incluye fotos. Su precio es de 11,95€. Un corrector de estilo hubiera pulido “experiencia empírica” (p.11, ¡esta gente de letras!); “quick kiki” (p. 30, ¡es lo mismo!, del quicky anglosajón –‘polvete rápido’- deriva fonéticamente el kiki español); y “en la planta de los pies se hayan las terminaciones nerviosas (…)”(p. 49, debe decir hallan).





HOLA ME INTERESA COPRAR CONSOLADORES UNA CANTIDAD INPORTANTE LLAMA AL 609307073
Hola Toni!
Por si no te has dado cuenta, esta es una bitácora de sexología, no una tienda. Si quieres comprar dildos, vibradores, etc., busca una tienda erótica; hay muchas por la red…
saludos