Ayer por la noche pusieron en Documentos TV un reportaje sobre la transexualidad y el travestismo titulado Cuerpos desobedientes. Como la 2 es una cadena en la que cabe la esperanza de ver algo digno, me animé a ver una hora seguida la televisión. Hablaron casi a partes iguales de la transexualidad y el travestismo, pero encontré la presentación de la transexualidad más sobria y equilibrada.
Para hablar de la transexualidad salió Andrea Planelles, presidenta de la Fundación para la Identidad de Género, y dos mujeres transexuales más: Claudia, una chica triste y muy femenina, con el acento de Enrique Iglesias; y Olga Cambasani, antigua profesora de Filología inglesa en la UAM.
No entraron en muchos detalles y básicamente explicaron en qué consiste la transexualidad (discrepancia entre el sexo biológico y la identidad sexual o de género). Se plantea la transexualidad como algo que uno no elige, aunque sí puede aceptarlo o reprimirlo. En este último caso, acabará saliendo tarde o temprano, y es más duro cuánto más tiempo hayas vivido en un sexo distinto al que realmente sientes que perteneces. En general, ya de niños lo saben y se descubre en juegos que son “gritos silenciosos”, aunque lo suelen ocultar al ver la reacción de los padres. Se pregunta Planelles ¿cómo saber cuál es la identidad sexual de una persona? Solo hay una manera de saberlo: preguntándoselo.
Respecto al travestismo, mostraron a Óscar Casado, “La Demonio”, travesti gay que no se excita al vestirse de mujer y para quien el travestismo es simplemente un trabajo; a Nacho Galán, “Nachalamacha”, para quien tampoco es una liberación vestirse de mujer y sí un trabajo (aunque le gustaba travestirse de pequeño); y a Jordi Roca, “Gina Burdel”, y Gorka Show, Drag queens, sección espectáculos varios. Finalmente, los últimos tres minutos,en tono entre sensacionalista y tenebroso,mencionaron un último tipo de travestismo: el de closet o anonimato. Ocultando su cara e identidad, un hombre habla del sentimiento íntimo de feminidad que necesita satisfacer vistiéndose con ropas femeninas. Descubrió esa peculiaridad suya hacia los veintitantos y lo ha mantenido escondido porque la sociedad lo juzga. Al cabo del tiempo, se lo contó a su pareja con gran culpa. Ahora ésta le anima a salir a la calle; experiencia juzgada muy positivamente. Entre medias, Georgina Burgos comparece como experta en travestismo, lo que resulta un tanto curioso dada su trayectoria y publicaciones, pero todo lo que dice resulta ser sensato (por ejemplo, en contra del estereotipo, que la mayoría son heterosexuales).
Visto con optimismo, ya es positivo que se hable de estas cuestiones sin un tono patologizante, como era habitual no hace tantos años (¡y todavía en ciertos sectores!). Respecto a la transexualidad, no me detendré: hay abundante información y es más frecuente dar con una representación normalizadora. No puedo decir lo mismo del travestismo, que mayoritariamente se presenta en su vertiente fiestera y laboral, de lentejeuelas y pelucones, dejando nuevamente en el armario al travesti genuino –si se me permite la expresión-: el que se viste con ropas del otro sexo por una necesidad de desarrollar su lado femenino, y que en ocasiones se excita con ello. Como el asunto es complejo, prometo volver sobre ello en otra ocasión. Lamento, eso sí, la oportunidad perdida por Documentos TV de acercarnos con más detalle a esa fascinante peculiaridad erótica.
Para saber más
Aparte de un clásico de absoluta vigencia, Los travestis: una investigación sobre el impulso erótico de travestirse (1910) del sexólogo alemán Magnus Hirschfeld (1868-1935), los mejores libros que conozco son Crossdressing, sex and gender del matrimonio Bullough y My husband Betty de Helen Boyd, esposa de un travesti.




