[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 60 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]
Apuntes sobre la tercera edición de “La sexualidad humana y sus problemas” (Bancroft, 2009)
26 años años después de la primera edición (y 20 de la segunda), John Bancroft ha publicado la tercera versión de La sexualidad humana y sus problemas (2009, Elsevier). Psiquiatra de formación, fue director del Instituto Kinsey (1995-2004) y miembro fundador del Annual Review of Sex Research. Con más de 200 artículos publicados, es uno de los sexólogos más respetados. No he conseguido averiguar cuándo nació, pero si se licenció en 1960 debe de tener setenta y tantos años, 50 de los cuáles los ha dedicado a estudiar el sexo. Por todo ello, tenía curiosidad por leer esta nueva edición del clásico Human sexuality and its problems, en lo que me figuro es su testamento intelectual.
El primer equívoco que conviene disipar es la impresión de estar ante un manualito universitario al uso, de esos que se escriben para salir del paso o con intención pecuniaria merced al mercado cautivo de alumnos. Nada más lejos. Lo que Bancroft acaba de publicar está más bien dirigido a académicos y clínicos. Son 540 páginas de papel satinado, sin apenas dibujos o fotos (ninguna en color), con cientos de referencias bibliográficas al final de cada capítulo, que diferencian este impresionante volumen -por tamaño y rigor- de otros manuales que hay en el mercado. Esto es un tocho ultraacadémico, donde a cada afirmación o dato le suele seguir una referencia (y se agradece, cuando tan a menudo se habla a la ligera). Bancroft escribe como un investigador al que no le importa reconocer a cada tanto que sobre éste o aquél asunto sabemos poco, mientras apunta posibles líneas de investigación y discute en detalle lo que hasta la fecha se conoce. A pesar del sesgo psicofisiológico en detrimento del histórico-sociológico, es una joya para el que quiera tener una visión de conjunto sobre casi cualquier tema, o busque referencias a partir de las cuales ahondar.
Desde la sexología sustantiva cabría objetar a algunos de sus planteamientos y su encaje conceptual en el libro. Por ejemplo, el sumario y no siempre desprejuiciado tratamiento de las peculiaridades eróticas; una concepción teleológica del ars amandi que le lleva a minusvalorar las conductas no enfocadas a una relación responsable de pareja; y, en fin, el tener siempre un ojo puesto en los posibles problemas.
Me gustaría resaltar algunos aspectos de la introducción. Un primer punto de interés es la humildad en las pretensiones de conocimiento a las que ha llegado a su edad. Dice que por mucha resonancia magnética o tomografía de emisión de positrones que se realice para ver qué sucede en el cerebro cuando estamos excitados, o para comparar a personas con alto y bajo deseo erótico, lo que se encuentra es una multiplicidad de funciones cerebrales interactivas que no encajan fácilmente en nuestros conceptos sobre lo que es la excitación o el deseo. Ciertamente, esa disparidad en los resultados de la activación cerebral durante la excitación (Janssen, 2007) lleva a pensar que los constructos de las investigaciones actuales están mal diseñados, las preguntas que se formulan a los sujetos son inadecuadas, o sencillamente se parte de un modelo biológico erróneo que desconoce las diferencias individuales. ¿Por qué la excitación o la memoria tendrían que localizarse y funcionar en dos sujetos del mismo modo? (Lewontin, 1983)
En segundo lugar, aboga por crear modelos simplificados de la realidad para tratar de dar sentido a los múltiples datos que ya disponemos. De hecho, un añadido de esta tercera edición es un capítulo sobre el papel de la teoría en los modelos sobre la sexualidad humana. Que nadie espere aquí farragosas disquisiciones sobre la teoría queer o los estudios poscoloniales. Bancroft, que ya había editado un libro al respecto (Bancroft, 2000), está más interesado en la interacción entre lo psicológico y lo fisiológico, sin descartar teorías del construccionismo social, pero que sean susceptibles de experimentación. Bien está ese énfasis en la teoría, pues muchas veces me he encontrado leyendo artículos cuyos autores no parecían saber qué hacer con los resultados al carecer de un marco teórico apropiado.
Y para terminar, el tercer punto no es que sea novedoso, pero me ha sorprendido gratamente. Me refiero a su mención de la vulnerabilidad como un rasgo de los encuentros eróticos. Plantea que para disfrutar es importante abandonarse al encuentro y eso nos deja vulnerables al rechazo o la humillación. Cuando nos exponemos a esa vulnerabilidad y la experiencia resulta segura, se refuerza el sentimiento de vinculación con la pareja. ¿Empezaremos a ver un desplazamiento del interés por el poder al interés por la fragilidad en las relaciones? Como diría Bancroft, esperamos que aumente la investigación en esta área.
Juan Lejárraga Vera
Referencias
Bancroft, J. (2000) The Role of Theory in Sex Research (Kinsey Institute Series), Indiana University Press.
Janssen, E. (2007) The Psychophysiology of Sex (Kinsey Institute Series), Indiana University Press, p.12.
Lewontin, R. (1983) “Darwin’s Revolution”, New York Review of Books, Vol. 30, n. 10, June16.




