[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 64 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]
Un grupo de investigadores de la Universidad de Pastizara está estudiando finalmente una de las causas menos mencionadas y quizá más relevantes del desastre financiero que nos asola: se trata del trastorno de deseo monetario hiperactivo (TDMH), cuya inclusión se ha propuesto para el nuevo DSM 5. Según un artículo reciente [1], la prevalencia de este trastorno entre las élites financieras y bancarias ronda el 43%.
El rasgo central del TDMH es el deseo de enriquecimiento más allá de lo necesario para obtener el bienestar, utilizando para ello cualquier recurso, incluidas las reformas legales torticeras. El trastorno, claramente infradiagnosticado, había pasado desapercibido hasta la fecha ya que cursa con tranquilidad de conciencia y goza del beneplácito social. Numerosos experimentos realizados con un escáner de neuroimagen han demostrado que en el cerebro de los banqueros y los corredores de bolsa el mecanismo de saciación y el sentimiento de vergüenza están obturados. Afortunadamente, cuando se les sometió a un tratamiento restrictivo (vivir con 900 euros al mes durante 6 meses), el 100% sobrevivió y reportó un gran porcentaje de eventos no monetarios satisfactorios (ENMS): hablar con su pareja, quedar con los amigos, leer una novela, salir al campo, observar el atardecer.
Boehringer Ingelheim (BI), la compañía farmacéutica alemana que llevaba años intentando comercializar un fármaco contra el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH), negó haber formado parte del tratamiento contra el TDMH cuando anunció que no iba a proseguir sus investigaciones sobre el efecto de Flibanserina en mujeres con bajo deseo tras el rechazo por 10 votos contra 1 de la aprobación de dicho fármaco por la agencia norteamericana que evalúa las propiedades de los medicamentos (FDA). Flibanserina había sido publicitado intensivamente como el remedio que iba a devolver el deseo a las mujeres que experimentaban un malestar por su carencia.
Leonore Tiefer, sexóloga y promotora de una campaña contra la medicalización de la sexualidad femenina, atribuyó el rechazo de Flibanserina por la FDA a numerosas razones, que citamos de corrido:
1) El TDSH no es una enfermedad, sino un diagnóstico ambiguo y ampliamente discutido;
2) El deseo erótico tiene múltiples fuentes y está formado por factores psicosociales e interpersonales; las variaciones son la norma;
3) Los instrumentos de evaluación que empleó BI para realizar sus afirmaciones sobre el deseo erótico y el malestar fueron desarrollados por investigadores financiados por la propia BI, lo que supone un conflicto de interés;
4) Los ensayos clínicos carecían de transparencia al haberse presentado solamente en conferencias y resúmenes de prensa, impidiendo un análisis detallado de la metodología, los efectos secundarios, las bajas, etc.;
5) Los resultados son marginales y poco persuasivos: en 2 de los 3 ensayos clínicos se dio un aumento de 0,7 “encuentros sexualmente satisfactorios” (ESS) al mes, respecto del grupo placebo, que también mejoró;
6) Se encontraron riesgos psicológicos y fisiológicos por la toma de Flibanserina (entre otros, mareo, náusea, fatiga, somnolencia);
7) Inadecuada selección y preparación de los participantes (se desconoce si los sujetos se habían quejado acerca de su deseo de manera crónica o temporal; tampoco se sabe si se evaluó de antemano su conocimiento de la sexualidad y de las relaciones);
8 ) Se desconoce el mecanismo de acción de Flibanserina, lo que dificulta la predicción de efectos secundarios, especialmente a largo plazo;
9) El énfasis en el malestar está movido por los intereses de la industria farmacéutica y no por el de las mujeres;
10) El malestar guarda más relación con el contexto social que con la bioquímica;
11) Flibanserina crea malestar al dar a entender que si una mujer no desea tener un encuentro erótico es porque tiene un trastorno.
Tras el dictamen negativo de la FDA sobre Flibanserina, preguntamos por el posible trastorno de deseo monetario hiperactivo de los directivos de BI a una señora (que desea permanecer en el anonimato): “ Trastor… ¿qué? Esos son unos avariciosos. Lo que pasa es que les han pillado con el carrito del helado y ahora se van con la música a otra parte.”
Juan Lejárraga
Referencias
1. Forrado, M. E. . El trastorno de deseo monetario hiperactivo. Diagnóstico, evaluación y tratamiento. Revista de invención de enfermedades, Vol. 25, octubre 2010.



