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Archive for 8 agosto 2007

documentostvAyer por la noche pusieron en Documentos TV un reportaje sobre la transexualidad y el travestismo titulado Cuerpos desobedientes. Como la 2 es una cadena en la que cabe la esperanza de ver algo digno, me animé a ver una hora seguida la televisión. Hablaron casi a partes iguales de la transexualidad y el travestismo, pero encontré la presentación de la transexualidad más sobria y equilibrada.

Para hablar de la transexualidad salió Andrea Planelles, presidenta de la Fundación para la Identidad de Género, y dos mujeres transexuales más: Claudia, una chica triste y muy femenina, con el acento de Enrique Iglesias; y Olga Cambasani, antigua profesora de Filología inglesa en la UAM.

No entraron en muchos detalles y básicamente explicaron en qué consiste la transexualidad (discrepancia entre el sexo biológico y la identidad sexual o de género). Se plantea la transexualidad como algo que uno no elige, aunque sí puede aceptarlo o reprimirlo. En este último caso, acabará saliendo tarde o temprano, y es más duro cuánto más tiempo hayas vivido en un sexo distinto al que realmente sientes que perteneces. En general, ya de niños lo saben y se descubre en juegos que son “gritos silenciosos”, aunque lo suelen ocultar al ver la reacción de los padres. Se pregunta Planelles ¿cómo saber cuál es la identidad sexual de una persona? Solo hay una manera de saberlo: preguntándoselo.
Respecto al travestismo, mostraron a Óscar Casado, “La Demonio”, travesti gay que no se excita al vestirse de mujer y para quien el travestismo es simplemente un trabajo; a Nacho Galán, “Nachalamacha”, para quien tampoco es una liberación vestirse de mujer y sí un trabajo (aunque le gustaba travestirse de pequeño); y a Jordi Roca, “Gina Burdel”, y Gorka Show, Drag queens, sección espectáculos varios. Finalmente, los últimos tres minutos,en tono entre sensacionalista y tenebroso,mencionaron un último tipo de travestismo: el de closet o anonimato. Ocultando su cara e identidad, un hombre habla del sentimiento íntimo de feminidad que necesita satisfacer vistiéndose con ropas femeninas. Descubrió esa peculiaridad suya hacia los veintitantos y lo ha mantenido escondido porque la sociedad lo juzga. Al cabo del tiempo, se lo contó a su pareja con gran culpa. Ahora ésta le anima a salir a la calle; experiencia juzgada muy positivamente. Entre medias, Georgina Burgos comparece como experta en travestismo, lo que resulta un tanto curioso dada su trayectoria y publicaciones, pero todo lo que dice resulta ser sensato (por ejemplo, en contra del estereotipo, que la mayoría son heterosexuales).

Visto con optimismo, ya es positivo que se hable de estas cuestiones sin un tono patologizante, como era habitual no hace tantos años (¡y todavía en ciertos sectores!). Respecto a la transexualidad, no me detendré: hay abundante información y es más frecuente dar con una representación normalizadora. No puedo decir lo mismo del travestismo, que mayoritariamente se presenta en su vertiente fiestera y laboral, de lentejeuelas y pelucones, dejando nuevamente en el armario al travesti genuino –si se me permite la expresión-: el que se viste con ropas del otro sexo por una necesidad de desarrollar su lado femenino, y que en ocasiones se excita con ello. Como el asunto es complejo, prometo volver sobre ello en otra ocasión. Lamento, eso sí, la oportunidad perdida por Documentos TV de acercarnos con más detalle a esa fascinante peculiaridad erótica.

Para saber más

Aparte de un clásico de absoluta vigencia, Los travestis: una investigación sobre el impulso erótico de travestirse (1910) del sexólogo alemán Magnus Hirschfeld (1868-1935), los mejores libros que conozco son Crossdressing, sex and gender del matrimonio Bullough y My husband Betty de Helen Boyd, esposa de un travesti.

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 52 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Sexología e Internet

La expansión de Internet ha modificado la Sexología acortando tiempos, abaratando costes y descentralizando la información. El saber ya no se encuentra en una cara enciclopedia cuya consulta habría requerido antes un engorroso acercamiento a la biblioteca más cercana con la esperanza de dar con ella. A veces tampoco es preciso pedir cita con un profesional, desplazarse a consulta y pagarle. Muchos de estos trámites ahora pueden solventarse por Internet.

El anonimato que procura la red ha favorecido la proliferación de consultorios o asesorías sexológicas que permiten plantear las cuestiones más delicadas sin tener que dar a conocer la identidad, y en general de manera gratuita.

Las ventajas de Internet son múltiples: información actualizada, mayor acceso a contenidos antaño ocultos o sepultados en revistas especializadas, mayor rapidez para solucionar dudas puntuales, posibilidad de leer obras de difícil localización (por ejemplo, casi toda la obra sexológica de Havelock Ellis está en bibliotecas digitales como la del Proyecto Gutenberg).

A pesar de que muchas universidades todavía no permiten acceder a la información científica que poseen, la tendencia en el resto de instituciones, organizaciones, fundaciones privadas, etc., es la contraria: abrirse a la libre circulación del conocimiento (Haeberle, 2004). Con la posibilidad de acudir a otras fuentes de información en Internet, el dilema es ganar dinero o perder capacidad de influencia.

Como contrapunto a su facilidad de acceso, conviene subrayar que la información disponible en la red no siempre goza de los criterios de rigor tradicionales del mundo editorial, por lo que no cabe descartar el recurso a las fuentes clásicas de documentación especializada (Carpintero y López, 1994). De hecho, librerías virtuales como Amazon o Iberlibro, y Google Books, el buscador de libros de Google, son una muestra de la perfecta convivencia entre los libros y lo digital: permiten hojear algunas páginas del contenido, conocer obras relacionadas y volver a poner en circulación libros descatalogados condenados al olvido en remotas librerías de segunda mano.

La búsqueda de información sexológica por Internet se enfrenta a dos escollos: la dispersión y la morralla. La dispersión se debe a la ausencia de una base de datos que incluya toda la bibliografía relacionada con la Sexología. Una pesquisa bibliográfica sobre cualquier asunto obligaría a revisar bases de datos especializadas en distintas disciplinas (Biología, Psicología, Educación, Sociología, Criminología…). La morralla es la cantidad de resultados inútiles o pornográficos que arroja cualquier buscador no especializado al introducir términos relacionados con el sexo. Una dificultad añadida, especialmente si se trabaja desde bibliotecas públicas, es la existencia de filtros que bloquean el acceso a páginas consideradas pornográficas o que contienen palabras clave incluidas en una lista negra. De ahí la importancia de encontrar descriptores válidos para las búsquedas en Internet. Por ejemplo, funciona mejor “sexualidad” que “sexo” (Alonso-Arbiol, 2005).

La Sexología no puede mantenerse al margen de nuevas realidades emergentes como la cibersexualidad, las relaciones virtuales, la polémica adicción a la pornografía y el efecto de Internet sobre la gente con peculiaridades eróticas (Zolbrod, 2004). Se abren áreas de investigación que demandan una perspectiva sexológica más comprensiva que la mirada patologizante, siempre dispuesta a ver los peligros del sexo en vez de sus oportunidades de felicidad (Ullerstam, 1967).

Otra de las ventajas de Internet es que las personas cuyas peculiaridades sexuales han sido estigmatizadas se agrupan en foros o listas de discusión a modo de comunidades donde compartir experiencias y reivindicar su identidad, lo que facilita su estudio en muestras no clínicas. Este aspecto no ha sido aprovechado lo suficiente, a pesar de que el uso de anuncios en estos foros para colaborar en investigaciones ya ha dado algunos frutos en temas marcados todavía por el tabú o las descalificaciones morales (p. ej., la zoofilia; véase Williams y Weinberg, 2003).

Dadas las características oceánicas de Internet no habría sido difícil hacer acopio de un centenar de páginas web, institucionales o de otro tipo, relacionadas con la Sexología. Nos ha parecido más práctico, sin embargo, espigar dos decenas especialmente útiles para el profesional de la Sexología que busca recursos fiables donde contrastar datos, ampliar conocimientos o investigar.

Otra posibilidad, descartada por razones de espacio, hubiera sido realizar un acercamiento temático a cuestiones más especializadas. Para compensarlo, ofrecemos dos direcciones donde encontrar un festín de enlaces.1

(más…)

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