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En el día del libro, el Instituto de Sexología Incisex ofrece la descarga gratuita de El sexo. Historia de una idea del profesor Efigenio Amezúa.

La idea moderna de sexo está hecha del material de los sexos; la idea antigua gira en torno a los genitalia. Frente al avance de la idea moderna, la antigua se resiste a desaparecer. En la actualidad se están viviendo graves problemas que pueden ser explicados desde este planteamiento en el que la idea antigua trata de sobrevivir en medio de sus escombros. Este ensayo está dedicado a la idea moderna de sexo, a contar su historia y su actualidad frente a la idea antigua y sus esquemas periclitados que no dan más de sí. También es una invitación a plantear los problemas desde esta idea, capaz de ofrecer soluciones que no puede ofrecer ya la otra.

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Educación social y sexología

(Ponencia presentada en el VI Congreso Estatal de Educadores Sociales.)

Educación social y sexología, una relación real, necesaria y urgente para una nueva educación sexual
[versión en pdf]

Social education and sexology, a real, necessary and urgent relationship for a new sexual education

Samuel Díez Arrese, Almudena Herranz Roldán y Ana Belén Rodríguez García

INCISEX. Instituto de Ciencias Sexológicas de Madrid. C/ Vinaroz 16. 28002 Madrid

Resumen

Con este trabajo nos planteamos las convergencias entre la educación social y la sexología, plasmadas en unos planteamientos epistemológicos y teórico-prácticos que tienen que ver con el sujeto y la relación educativa, y que permiten entender y plantear la educación sexual de una manera diferente a la que tradicionalmente ha venido siendo.

Fundamentalmente, nos encontramos con dos hechos inherentes al individuo y a su proceso biográfico: el principio de inevitabilidad educativa, y el principio de inevitabilidad sexuada. Procesos que se dan a lo largo de toda la vida y que, por ende, suceden a la vez.

Planteamos la necesidad de integrar el hecho sexuado en el desarrollo de toda intervención socioeducativa, convirtiendo el proceso educativo en el proceso de educación sexual que consideramos que de hecho es.

Todo esto con la certeza de que la educación sexual no hace referencia a un temario concreto o una acción puntual en el currículum de los y las educandos, sino que es un hecho ineludible que sucede en toda intervención socioeducativa, precisamente por el hecho de que cada individuo es sexuado.

Definida y planteada la educación sexual así, se hace preciso reajustar el perfil, funciones y responsabilidades de los y las profesionales en cada uno de los campos que intervienen en ella, para lograr avances significativos en clave de corresponsabilidad educativa.

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Adoro las notas al pie que en realidad son miniensayos bibliográficos; verbigracia, la nota 4 de Mauro Pasqualini en From the Sexual Question to the Praise of Prostitution: Modernism and Sexual Politics in Florence, 1908–1914, Journal of the History of Sexuality, Vol. 21, No. 3, September 2012.

For a general perspective on sexuality in modern Italy, see Wanrooij, Storia del pudore; his “Italy: Sexuality, Morality and Public Authority,” in Sexual Cultures in Europe: National Histories, ed. Franz X. Eder, Lesley Hall, and Gert Hekma (Manchester: Manchester University Press, 1999), 114–37; and his “The History of Sexuality in Italy (1860–1945),” in Gender, Family and Sexuality: The Private Sphere in Italy, 1860–1945, ed. Perry Wilson (New York: Palgrave, 2004), 177–88. For prostitution in Italy since the mid-nineteenth century, see Mary Gibson, Prostitution and the State in Italy, 1860–1915 (Columbus: Ohio State University Press, 1999). For the most recent studies on the works of Mantegazza and Lombroso and their impact, see Mary Gibson, Born to Crime: Cesare Lombroso and the Origins of Biological Criminology (Westport, CT: Praeger, 2002); Nicole Hahn Rafter and Mary Gibson, introduction to Criminal Woman, the Prostitute and the Normal Woman by Cesare Lombroso and Guglielmo Ferrero (Durham, NC: Duke University Press, 2004); and Luisa Tasca, “Il ‘senatore erotico’: Sesso e matrimonio nel’antropologia di Paolo Mantegazza,” in La mediazione matrimoniale: Il terzo (in)comodo in Europa fra Otto e Novecento, ed. Bruno Wanrooij (Rome: Edizioni di Storia e Letteratura, 2004), 295–320. Italian sexologists’ early interest in female same-sex desire has been studied by Chiara Beccalossi, “The Origin of Italian Sexological Studies: Female Sexual Inversion, ca. 1870–1900,” Journal of the History of Sexuality 18, no. 1 (2009): 103–20. A more general analysis of Italian scientists and their approach to women and female sexuality may be found in V. P. Babini, A. Tagliavinni, and F. Minuz, La donna nelle scienze dell’uomo: Imaggini del feminile nella cultura scientifica italiana di fine secolo (Milan: F. Angeli, 1986). The construction of notions of masculinity in connection with the process of nation building since the mid-nineteenth century as well as the corresponding responses to homosexuality are analyzed in Lorenzo Benadusi, Il nemico dell’uomo nuovo: L’omosessualità nell esperimento totalitatio fascista (Milan: Feltrinelli, 2005), especially chapters 1 and 2. Anxieties among liberal Italy’s educators about urbanization and its effects on morality as well as their interest in divulging sexual education have been described in Bonetta, Corpo e nazione, 321–450; and Giorgio Rifelli and Corrado Ziglio, Per una storia dell’educazione sessuale, 1870–1920 (Florence: La Nuova Italia, 1991). For the origins of the Italian feminist movement, see Annarita Buttafuoco, Questioni di cittadinanza: Donne e diritti sociali nell’Italia liberale (Siena: Protagon, 1997); and Victoria de Grazia, How Fascism Ruled Women: Italy, 1922–1945 (Berkeley: University of California Press, 1992), especially chapter 2 for the relationship between women and the liberal state. Issues concerning the regulation of prostitution and its connection to syphilis are studied by Giorgio Gattei, “La sifilide: Medici e poliziotti intorno alla ‘venere politica,’” in Storia d’Italia, Annali 7: Malattia e medicina, ed. Franco Della Peruta (Turin: Einaudi, 1984), 741–98.

(Apuntes de la ponencia presentada en las Jornadas de la AEPS del 9-10 de noviembre, 2012 en Vitoria-Gasteiz, pendientes de su edición para la publicación en el Anuario de sexología de la AEPS.  [Versión en pdf])

Samuel Díez Arrese

A propósito del asesoramiento sexológico, me toca hablar de algo nada sencillo y bastante pretencioso como es “Nuevas reflexiones y aportaciones desde la sexología” en el marco de unas jornadas tituladas “Discursos, modelos y perspectivas en intervención sexológica”.

Título que, por otra parte, claramente me gusta mucho y me parece bien acertado. No tengo tan claro, en cambio, que las reflexiones que traigo sean demasiado nuevas aunque, visto lo visto, todavía haya alguien a quien le resulten novedosas.

Hasta hace una semana, o menos, no he tenido muy claro qué contar en este espacio. Mis dudas han surgido sobre todo entre centrarme en lo que hay y abundar en “más de lo mismo”, o sea, hablar de asesoramiento como producto, o ahondar en la intervención sexológica en consulta como actividad.

Haciendo una analogía considero que lo que distingue al asesoramiento de la intervención sexológica (por ejemplo, puntual) en consulta es inquietantemente similar a lo que distingue las parafilias de las peculiaridades, o las disfunciones de las dificultades.

Quien se esfuerza por seguir sin enterarse seguirá pensando que son sinónimas, aunque peculiaridad y dificultad sean más adecuadas, o sea, políticamente más correctas, como también habrá quién considere que la parafilia es un tipo de peculiaridad o que la disfunción es un tipo de dificultad.

También es probable que, en su empleo indistinto, ronde un planteamiento que, en mi opinión, supone otro (de tantos) de los problemas (cánceres) que actualmente la sexología posee de mano, precisamente, de sus profesionales. Se trata de la fórmula “para entendernos” o “para que se entienda”.

Y, para que nos entiendan, se habla de relaciones sexuales, coito, autoestima, prácticas “de riesgo”, transexuales, eyaculación precoz, y un largo etcétera de términos y formulaciones que no nos son propias con la pretensión de que “nos entiendan”.

Maniobra que sabemos que no produce otra cosa que confusión unas veces, problematización en otras y, en definitiva, poca mejora en la población y, desde luego, poco avance en la profesión (no así en los profesionales, referido obviamente a términos mercantiles).

Para comenzar a hablar de asesoramiento en sexología considero interesante entrar en el marco desde donde se ha venido ubicando: en el llamado continuo educación, asesoramiento, terapia.

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Jornadas AEPS 2012. 9-10 de noviembre, Vitoria-Gasteiz.

Entre todas las nociones sobre el sexo a las que se ha dado publicidad en los últimos años, ninguna es más dañina que la idea de que una relación sexual deficiente se puede “remediar” aprendiendo técnicas en un libro… sea el que fuere. (…) Gran parte de lo que hoy se quiere llamar asesoramiento sexual se caracteriza por hacer hincapié en la importancia de la técnica. Nada bueno puede pasar en la cama entre un marido y su esposa si, antes de que se metieran en ella, no han estado sucediendo entre ellos otras cosas buenas. No hay manera de que una buena técnica sexual compense una  relación emocional de baja calidad. Para que a un hombre y una mujer les encante estar juntos en la cama, los dos deben querer estar -juntos- en esa cama.

William Masters y Virginia Johnson (1978) El vínculo del placer. Barcelona: Grijalbo,  p. 261.
(He modificado parcialmente la traducción de Marta Guastavino.)

Of all the recent notions about sex that have been given publicity in recent years, none is more harmful than the idea that a poor sexual relationship can be “cured” by learning technique from a book -any book. (…) An emphasis on the importance of technique is characteristic of so much that passes for advice about sex today. Nothing good is going to happen in bed between a husband and a wife unless good things have been happening between them before they got into bed. There is no way for a good sexual technique to remedy a poor emotional relationship. For a man and a woman to be delighted with each other in bed, both must want to be in that bed -with each other.

William Masters and Virginia Johnson (1974 [1970]) The pleasure bond. A new look at sexuality and commitment. Boston: Little Brown, pp. 107-108.

En la terapia, el modus operandi del Instituto [de Masters & Johnson] consiste en identificar, evaluar y discutir abiertamente las contribuciones positivas y/o negativas de los sistemas de valores sociales y sexuales del cliente a su estilo de vida. Si debe producirse alguna alteración en este sistema de valores, sea para promover o implementar el proceso terapéutico, tal alteración debe hacerse dentro de las restricciones psicosociales impuestas por el marco de referencia del cliente, y este marco de referencia puede no ser compatible en absoluto con el del terapeuta. Un programa de tratamiento diseñado con cuidado tiene la mayor probabilidad de éxito a largo plazo si permite al cliente vivir eficazmente dentro de las restricciones, limitantes pero familiares, de su propio sistema de valores sexuales y sociales. Por supuesto, las pautas de conducta establecidas se pueden modificar cuando sea necesario, pero nunca se debe intentar reconstruir los sistemas de valores básicos del cliente a imagen de los del terapeuta, ya que, cuando finalice el programa, el cliente tiene pocas probabilidades de disfrutar de un resultado terapéutico positivo si está comprometido por el peso de la autoridad a interpretar, ajustarse y vivir según los sistemas de valores sociales y sexuales del profesional.

William Masters y Virginia Johnson (1979) Homosexualidad en perspectiva. Buenos Aires: Editorial Intermédica, p. 261

(He modificado parcialmente la traducción de Diana Perriard. La negrita es mía.)

In therapy, the Institute’s modus operandi is to identify, evaluate, and then openly discuss the positive and/or negative contributions that the client’s social and sexual value systems are making to his or her lifestyle. If an alteration need occur in the client’s value systems in order to either instigate or implement the therapy process, the alteration must be accomplished within the psychosocial restrictions imposed by the client’s frame of reference -and this frame of reference might not be at all compatible with that of the therapist. A carefully designed treatment program has the best chance for long-range success if it enables the client to live effectively within the encompassing but familiar restrictions of his or her own  sexual and social value systems. Of course, established behavior patterns should be modified when necessary, but no attempt should be made to reconstruct the client’s basic value systems in a new image (the therapist’s). For once the treatment is terminated, the client will have little chance of enjoying a positive treatment result if he or she is commited by authoritative dominance to interpreting, adjusting to, and living within the social and sexual value systems of the therapist.

William Masters and Virginia Johnson (1982 [1979]) Homosexuality in perspective. New York: Bantam Books, p. 334