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Posts Tagged ‘asesoramiento’

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November 29, 2016

Founded in 1967, the American Association of Sexuality Educators, Counselors and Therapists (AASECT) is devoted to the promotion of sexual health by the development and advancement of the fields of sexual education, counseling and therapy. With this mission, AASECT accepts the responsibility of training, certifying and advancing high standards in the practice of sexuality education services, counseling and therapy. When contentious topics and cultural conflicts impede sexual education and health care, AASECT may publish position statements to clarify standards to protect consumer sexual health and sexual rights.

AASECT recognizes that people may experience significant physical, psychological, spiritual and sexual health consequences related to their sexual urges, thoughts or behaviors. AASECT recommends that its members utilize models that do not unduly pathologize consensual sexual problems. AASECT 1) does not find sufficient empirical evidence to support the classification of sex addiction or porn addiction as a mental health disorder, and 2) does not find the sexual addiction training and treatment methods and educational pedagogies to be adequately informed by accurate human sexuality knowledge. Therefore, it is the position of AASECT that linking problems related to sexual urges, thoughts or behaviors to a porn/sexual addiction process cannot be advanced by AASECT as a standard of practice for sexuality education delivery, counseling or therapy.

AASECT advocates for a collaborative movement to establish standards of care supported by science, public health consensus and the rigorous protection of sexual rights for consumers seeking treatment for problems related to consensual sexual urges, thoughts or behaviors.

(Traducción al español, aquí.)

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(Apuntes de la ponencia presentada en las Jornadas de la AEPS del 9-10 de noviembre, 2012 en Vitoria-Gasteiz, pendientes de su edición para la publicación en el Anuario de sexología de la AEPS.  [Versión en pdf])

Samuel Díez Arrese

A propósito del asesoramiento sexológico, me toca hablar de algo nada sencillo y bastante pretencioso como es “Nuevas reflexiones y aportaciones desde la sexología” en el marco de unas jornadas tituladas “Discursos, modelos y perspectivas en intervención sexológica”.

Título que, por otra parte, claramente me gusta mucho y me parece bien acertado. No tengo tan claro, en cambio, que las reflexiones que traigo sean demasiado nuevas aunque, visto lo visto, todavía haya alguien a quien le resulten novedosas.

Hasta hace una semana, o menos, no he tenido muy claro qué contar en este espacio. Mis dudas han surgido sobre todo entre centrarme en lo que hay y abundar en “más de lo mismo”, o sea, hablar de asesoramiento como producto, o ahondar en la intervención sexológica en consulta como actividad.

Haciendo una analogía considero que lo que distingue al asesoramiento de la intervención sexológica (por ejemplo, puntual) en consulta es inquietantemente similar a lo que distingue las parafilias de las peculiaridades, o las disfunciones de las dificultades.

Quien se esfuerza por seguir sin enterarse seguirá pensando que son sinónimas, aunque peculiaridad y dificultad sean más adecuadas, o sea, políticamente más correctas, como también habrá quién considere que la parafilia es un tipo de peculiaridad o que la disfunción es un tipo de dificultad.

También es probable que, en su empleo indistinto, ronde un planteamiento que, en mi opinión, supone otro (de tantos) de los problemas (cánceres) que actualmente la sexología posee de mano, precisamente, de sus profesionales. Se trata de la fórmula “para entendernos” o “para que se entienda”.

Y, para que nos entiendan, se habla de relaciones sexuales, coito, autoestima, prácticas “de riesgo”, transexuales, eyaculación precoz, y un largo etcétera de términos y formulaciones que no nos son propias con la pretensión de que “nos entiendan”.

Maniobra que sabemos que no produce otra cosa que confusión unas veces, problematización en otras y, en definitiva, poca mejora en la población y, desde luego, poco avance en la profesión (no así en los profesionales, referido obviamente a términos mercantiles).

Para comenzar a hablar de asesoramiento en sexología considero interesante entrar en el marco desde donde se ha venido ubicando: en el llamado continuo educación, asesoramiento, terapia.

(más…)

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Entre todas las nociones sobre el sexo a las que se ha dado publicidad en los últimos años, ninguna es más dañina que la idea de que una relación sexual deficiente se puede “remediar” aprendiendo técnicas en un libro… sea el que fuere. (…) Gran parte de lo que hoy se quiere llamar asesoramiento sexual se caracteriza por hacer hincapié en la importancia de la técnica. Nada bueno puede pasar en la cama entre un marido y su esposa si, antes de que se metieran en ella, no han estado sucediendo entre ellos otras cosas buenas. No hay manera de que una buena técnica sexual compense una  relación emocional de baja calidad. Para que a un hombre y una mujer les encante estar juntos en la cama, los dos deben querer estar -juntos- en esa cama.

William Masters y Virginia Johnson (1978) El vínculo del placer. Barcelona: Grijalbo,  p. 261.
(He modificado parcialmente la traducción de Marta Guastavino.)

Of all the recent notions about sex that have been given publicity in recent years, none is more harmful than the idea that a poor sexual relationship can be “cured” by learning technique from a book -any book. (…) An emphasis on the importance of technique is characteristic of so much that passes for advice about sex today. Nothing good is going to happen in bed between a husband and a wife unless good things have been happening between them before they got into bed. There is no way for a good sexual technique to remedy a poor emotional relationship. For a man and a woman to be delighted with each other in bed, both must want to be in that bed -with each other.

William Masters and Virginia Johnson (1974 [1970]) The pleasure bond. A new look at sexuality and commitment. Boston: Little Brown, pp. 107-108.

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En la terapia, el modus operandi del Instituto [de Masters & Johnson] consiste en identificar, evaluar y discutir abiertamente las contribuciones positivas y/o negativas de los sistemas de valores sociales y sexuales del cliente a su estilo de vida. Si debe producirse alguna alteración en este sistema de valores, sea para promover o implementar el proceso terapéutico, tal alteración debe hacerse dentro de las restricciones psicosociales impuestas por el marco de referencia del cliente, y este marco de referencia puede no ser compatible en absoluto con el del terapeuta. Un programa de tratamiento diseñado con cuidado tiene la mayor probabilidad de éxito a largo plazo si permite al cliente vivir eficazmente dentro de las restricciones, limitantes pero familiares, de su propio sistema de valores sexuales y sociales. Por supuesto, las pautas de conducta establecidas se pueden modificar cuando sea necesario, pero nunca se debe intentar reconstruir los sistemas de valores básicos del cliente a imagen de los del terapeuta, ya que, cuando finalice el programa, el cliente tiene pocas probabilidades de disfrutar de un resultado terapéutico positivo si está comprometido por el peso de la autoridad a interpretar, ajustarse y vivir según los sistemas de valores sociales y sexuales del profesional.

William Masters y Virginia Johnson (1979) Homosexualidad en perspectiva. Buenos Aires: Editorial Intermédica, p. 261

(He modificado parcialmente la traducción de Diana Perriard. La negrita es mía.)

In therapy, the Institute’s modus operandi is to identify, evaluate, and then openly discuss the positive and/or negative contributions that the client’s social and sexual value systems are making to his or her lifestyle. If an alteration need occur in the client’s value systems in order to either instigate or implement the therapy process, the alteration must be accomplished within the psychosocial restrictions imposed by the client’s frame of reference -and this frame of reference might not be at all compatible with that of the therapist. A carefully designed treatment program has the best chance for long-range success if it enables the client to live effectively within the encompassing but familiar restrictions of his or her own  sexual and social value systems. Of course, established behavior patterns should be modified when necessary, but no attempt should be made to reconstruct the client’s basic value systems in a new image (the therapist’s). For once the treatment is terminated, the client will have little chance of enjoying a positive treatment result if he or she is commited by authoritative dominance to interpreting, adjusting to, and living within the social and sexual value systems of the therapist.

William Masters and Virginia Johnson (1982 [1979]) Homosexuality in perspective. New York: Bantam Books, p. 334

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