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Posts Tagged ‘Efigenio Amezúa’

En el día del libro, el Instituto de Sexología Incisex ofrece la descarga gratuita de El sexo. Historia de una idea del profesor Efigenio Amezúa.

La idea moderna de sexo está hecha del material de los sexos; la idea antigua gira en torno a los genitalia. Frente al avance de la idea moderna, la antigua se resiste a desaparecer. En la actualidad se están viviendo graves problemas que pueden ser explicados desde este planteamiento en el que la idea antigua trata de sobrevivir en medio de sus escombros. Este ensayo está dedicado a la idea moderna de sexo, a contar su historia y su actualidad frente a la idea antigua y sus esquemas periclitados que no dan más de sí. También es una invitación a plantear los problemas desde esta idea, capaz de ofrecer soluciones que no puede ofrecer ya la otra.

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(Apuntes de la ponencia presentada en las Jornadas de la AEPS del 9-10 de noviembre, 2012 en Vitoria-Gasteiz, pendientes de su edición para la publicación en el Anuario de sexología de la AEPS.  [Versión en pdf])

Samuel Díez Arrese

A propósito del asesoramiento sexológico, me toca hablar de algo nada sencillo y bastante pretencioso como es “Nuevas reflexiones y aportaciones desde la sexología” en el marco de unas jornadas tituladas “Discursos, modelos y perspectivas en intervención sexológica”.

Título que, por otra parte, claramente me gusta mucho y me parece bien acertado. No tengo tan claro, en cambio, que las reflexiones que traigo sean demasiado nuevas aunque, visto lo visto, todavía haya alguien a quien le resulten novedosas.

Hasta hace una semana, o menos, no he tenido muy claro qué contar en este espacio. Mis dudas han surgido sobre todo entre centrarme en lo que hay y abundar en “más de lo mismo”, o sea, hablar de asesoramiento como producto, o ahondar en la intervención sexológica en consulta como actividad.

Haciendo una analogía considero que lo que distingue al asesoramiento de la intervención sexológica (por ejemplo, puntual) en consulta es inquietantemente similar a lo que distingue las parafilias de las peculiaridades, o las disfunciones de las dificultades.

Quien se esfuerza por seguir sin enterarse seguirá pensando que son sinónimas, aunque peculiaridad y dificultad sean más adecuadas, o sea, políticamente más correctas, como también habrá quién considere que la parafilia es un tipo de peculiaridad o que la disfunción es un tipo de dificultad.

También es probable que, en su empleo indistinto, ronde un planteamiento que, en mi opinión, supone otro (de tantos) de los problemas (cánceres) que actualmente la sexología posee de mano, precisamente, de sus profesionales. Se trata de la fórmula “para entendernos” o “para que se entienda”.

Y, para que nos entiendan, se habla de relaciones sexuales, coito, autoestima, prácticas “de riesgo”, transexuales, eyaculación precoz, y un largo etcétera de términos y formulaciones que no nos son propias con la pretensión de que “nos entiendan”.

Maniobra que sabemos que no produce otra cosa que confusión unas veces, problematización en otras y, en definitiva, poca mejora en la población y, desde luego, poco avance en la profesión (no así en los profesionales, referido obviamente a términos mercantiles).

Para comenzar a hablar de asesoramiento en sexología considero interesante entrar en el marco desde donde se ha venido ubicando: en el llamado continuo educación, asesoramiento, terapia.

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Boletín Periódico – marzo de 2011
www.sexologiaenincisex.com

Los pliegues del placer

abrazos- Picasso
Efigenio Amezúa
Lo que las estadísticas no dicen
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Juan Lejárraga
¿Qué soy?
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Ana Martínez Moreno

Noticias

  • Pensadores de los sexos : Magnus Hirschfeld
  • Formacion 2011-2012
  • Entre todos podemos hacerlo mejor
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cuerdasLa muerte de David Carradine en Tailandia por autoasfixia erótica este verano volvió a sacar a la luz esta práctica erótica para caer rápidamente en el olvido. El patrón se produce de vez en cuando. Un diputado británico, un cantante, alguien famoso, en fin, es encontrado muerto en extrañas circunstancias, que al principio intentan ocultarse. Después se van conociendo otros detalles y al final, entre bromas y patologizaciones, se acaba concluyendo que la asfixia erótica es muy peligrosa y que la gente que la practica está un poco mal de la cabeza.

Sobre esta cuestión me gustaría hacer dos comentarios: uno metodológico y otro sexológico. El metodológico pone en cuestión la extrema peligrosidad de la asfixia erótica. Según los datos más fiables (Sauvageau, 2006), se producen unas 500-1000 muertes al año en Estados Unidos, que tiene una población de 300 millones de habitantes . Es decir, entre 2-3 muertes diarias. Comparado con otras cifras de muertos accidentales parecen bastante bajas. Hasta los muertos por ahogamiento son mayores. De hecho, Carradine murió con 72 años, y que sepamos las peculiaridades eróticas se descubren y empiezan a disfrutar desde muy temprano (adolescencia o primera juventud). Lo que quiere decir que Carradine debía de llevar unos 60 años disfrutando de la autoasfixia erótica de manera segura. (También puede ser que fuera excepcionalmente precavido y un caso no representativo.).

Lo cierto es que carecemos de datos del número de practicantes y su frecuencia para poder estimar la peligrosidad real de la asfixia erótica. Por eso me sorprende que se afirme tan a la ligera que es una práctica muy peligrosa y para contextualizar mínimamente los datos sugiero simplemente ponerlos en relación con otras muertes accidentales . Dado que las estadísticas sobre la asfixia erótica no son completas, solo puedo resaltar las dudas que me surgen al ver la utilización interesada de los escasos datos disponibles (por lo demás, casi siempre de procedencia forense).

El segundo aspecto que me interesa es el enfoque sexológico (o su ausencia) al abordar este asunto.

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 60 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

intersexLa intersexualidad se ha puesto de moda y es difícil no encontrarla allá donde uno mire. En películas comerciales como XXY, de Lucía Puenzo (2007), o en meritorios documentales como Tintenfischalarm de Scharang (2006); en libros como Transexualidad, intersexualidad y dualidad de género (Bellaterra, 2008) de J.A. Nieto o en números especiales de revistas académicas como GLQ (Vol. 15, n. 2, 2009). Incluso una catedrática de retórica y literatura comparada como Butler le dedicó abundantes páginas al asunto (Undoing gender, 2004)…

Quizá convenga señalar primero que bajo la etiqueta de “intersexual” se agrupa una serie de fenómenos (hiperplasia suprarrenal congénita, síndrome de insensibilidad a los andrógenos, disgenesia gonadal, hipospadias, síndrome de Turner, síndrome de Klinefelter, deficiencia de 5-alfa reductasa) de características variables. Para ampliar, pueden leerse las Jornadas sobre estados intersexuales e hipogonadismo de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (2001).

Desde los años 90 para acá, es cierto, una serie de autoras había empezado a abordar esta cuestión desde una perspectiva crítica y generalmente feminista (Kessler, Fausto-Sterling, Dreger, Preves), a rebufo del activismo político de la Sociedad de Intersexuales Norteamericana (ISNA) personificado en Cheryl Chase. Por resumir una historia algo más intrincada, la ISNA pedía que los bebés intersexuales o con genitales ambiguos no fuesen operados para ajustarse al supuesto estándar de normalidad genital masculina o femenina. Sin rechazar que el bebé fuese asignado a un sexo u otro, se trataba de romper el velo de secretismo y vergüenza que rodeaba las decisiones médicas conducentes a la cirugía de reasignación sexual. Se postulaba el paso de un modelo basado en la ocultación a otro centrado en los intereses del intersexual (1).

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 58 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

krafft-ebingLa figura de Richard von Krafft-Ebing (1840-1902) parecía un caso cerrado en la historia de la sexología. Desde el dictamen de Wettley (1956) considerándolo como el “verdadero fundador de la patología sexual moderna”, contra cuyas “tonterías profundamente dañinas” advierte Brecher (1969), y que causa irritación en Weeks (1985) por su “manía clasificadora” de perversidades, solo Bullough (1994a) había roto una lanza por él al sostener que “hizo lo que pudo para estar al día en las últimas investigaciones sobre el sexo”, matizando que “pocos investigadores suscribirían hoy día sus explicaciones sobre las diversas formas de conducta sexual” (1994b).

Se veía a Krafft-Ebing como el epítome de la medicalización de la sexualidad, defensor a ultranza del victorianismo, centrado en la procreación y el estándar heterosexual y promoviendo el mayor control posible por parte del Estado de las “inmoralidades” eróticas (Oosterhuis, 2000).

Han tenido que pasar casi 100 años desde su muerte para que se haya empezado a reconsiderar esta imagen tenebrosa. Anticipados ya algunos planteamientos en un capítulo del libro colectivo Science and Homosexualities (Rosario, 1997), el aldabonazo definitivo1 vendrá con la publicación de Stepchildren of nature. Krafft-Ebing, Psychiatry and the making of sexual identity (2000) del historiador holandés Harry Oosterhuis.

Tras un minucioso estudio de la época y las obras de Krafft-Ebing, y especialmente de su correspondencia —en gran parte inédita— con pacientes y otras personas que le escribían para contarle sus historias, Oosterhuis desmonta algunos de los tópicos más asentados.

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 52 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Sexología e Internet

La expansión de Internet ha modificado la Sexología acortando tiempos, abaratando costes y descentralizando la información. El saber ya no se encuentra en una cara enciclopedia cuya consulta habría requerido antes un engorroso acercamiento a la biblioteca más cercana con la esperanza de dar con ella. A veces tampoco es preciso pedir cita con un profesional, desplazarse a consulta y pagarle. Muchos de estos trámites ahora pueden solventarse por Internet.

El anonimato que procura la red ha favorecido la proliferación de consultorios o asesorías sexológicas que permiten plantear las cuestiones más delicadas sin tener que dar a conocer la identidad, y en general de manera gratuita.

Las ventajas de Internet son múltiples: información actualizada, mayor acceso a contenidos antaño ocultos o sepultados en revistas especializadas, mayor rapidez para solucionar dudas puntuales, posibilidad de leer obras de difícil localización (por ejemplo, casi toda la obra sexológica de Havelock Ellis está en bibliotecas digitales como la del Proyecto Gutenberg).

A pesar de que muchas universidades todavía no permiten acceder a la información científica que poseen, la tendencia en el resto de instituciones, organizaciones, fundaciones privadas, etc., es la contraria: abrirse a la libre circulación del conocimiento (Haeberle, 2004). Con la posibilidad de acudir a otras fuentes de información en Internet, el dilema es ganar dinero o perder capacidad de influencia.

Como contrapunto a su facilidad de acceso, conviene subrayar que la información disponible en la red no siempre goza de los criterios de rigor tradicionales del mundo editorial, por lo que no cabe descartar el recurso a las fuentes clásicas de documentación especializada (Carpintero y López, 1994). De hecho, librerías virtuales como Amazon o Iberlibro, y Google Books, el buscador de libros de Google, son una muestra de la perfecta convivencia entre los libros y lo digital: permiten hojear algunas páginas del contenido, conocer obras relacionadas y volver a poner en circulación libros descatalogados condenados al olvido en remotas librerías de segunda mano.

La búsqueda de información sexológica por Internet se enfrenta a dos escollos: la dispersión y la morralla. La dispersión se debe a la ausencia de una base de datos que incluya toda la bibliografía relacionada con la Sexología. Una pesquisa bibliográfica sobre cualquier asunto obligaría a revisar bases de datos especializadas en distintas disciplinas (Biología, Psicología, Educación, Sociología, Criminología…). La morralla es la cantidad de resultados inútiles o pornográficos que arroja cualquier buscador no especializado al introducir términos relacionados con el sexo. Una dificultad añadida, especialmente si se trabaja desde bibliotecas públicas, es la existencia de filtros que bloquean el acceso a páginas consideradas pornográficas o que contienen palabras clave incluidas en una lista negra. De ahí la importancia de encontrar descriptores válidos para las búsquedas en Internet. Por ejemplo, funciona mejor “sexualidad” que “sexo” (Alonso-Arbiol, 2005).

La Sexología no puede mantenerse al margen de nuevas realidades emergentes como la cibersexualidad, las relaciones virtuales, la polémica adicción a la pornografía y el efecto de Internet sobre la gente con peculiaridades eróticas (Zolbrod, 2004). Se abren áreas de investigación que demandan una perspectiva sexológica más comprensiva que la mirada patologizante, siempre dispuesta a ver los peligros del sexo en vez de sus oportunidades de felicidad (Ullerstam, 1967).

Otra de las ventajas de Internet es que las personas cuyas peculiaridades sexuales han sido estigmatizadas se agrupan en foros o listas de discusión a modo de comunidades donde compartir experiencias y reivindicar su identidad, lo que facilita su estudio en muestras no clínicas. Este aspecto no ha sido aprovechado lo suficiente, a pesar de que el uso de anuncios en estos foros para colaborar en investigaciones ya ha dado algunos frutos en temas marcados todavía por el tabú o las descalificaciones morales (p. ej., la zoofilia; véase Williams y Weinberg, 2003).

Dadas las características oceánicas de Internet no habría sido difícil hacer acopio de un centenar de páginas web, institucionales o de otro tipo, relacionadas con la Sexología. Nos ha parecido más práctico, sin embargo, espigar dos decenas especialmente útiles para el profesional de la Sexología que busca recursos fiables donde contrastar datos, ampliar conocimientos o investigar.

Otra posibilidad, descartada por razones de espacio, hubiera sido realizar un acercamiento temático a cuestiones más especializadas. Para compensarlo, ofrecemos dos direcciones donde encontrar un festín de enlaces.1

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