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aasect

November 29, 2016

Founded in 1967, the American Association of Sexuality Educators, Counselors and Therapists (AASECT) is devoted to the promotion of sexual health by the development and advancement of the fields of sexual education, counseling and therapy. With this mission, AASECT accepts the responsibility of training, certifying and advancing high standards in the practice of sexuality education services, counseling and therapy. When contentious topics and cultural conflicts impede sexual education and health care, AASECT may publish position statements to clarify standards to protect consumer sexual health and sexual rights.

AASECT recognizes that people may experience significant physical, psychological, spiritual and sexual health consequences related to their sexual urges, thoughts or behaviors. AASECT recommends that its members utilize models that do not unduly pathologize consensual sexual problems. AASECT 1) does not find sufficient empirical evidence to support the classification of sex addiction or porn addiction as a mental health disorder, and 2) does not find the sexual addiction training and treatment methods and educational pedagogies to be adequately informed by accurate human sexuality knowledge. Therefore, it is the position of AASECT that linking problems related to sexual urges, thoughts or behaviors to a porn/sexual addiction process cannot be advanced by AASECT as a standard of practice for sexuality education delivery, counseling or therapy.

AASECT advocates for a collaborative movement to establish standards of care supported by science, public health consensus and the rigorous protection of sexual rights for consumers seeking treatment for problems related to consensual sexual urges, thoughts or behaviors.

(Traducción al español, aquí.)

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En la terapia, el modus operandi del Instituto [de Masters & Johnson] consiste en identificar, evaluar y discutir abiertamente las contribuciones positivas y/o negativas de los sistemas de valores sociales y sexuales del cliente a su estilo de vida. Si debe producirse alguna alteración en este sistema de valores, sea para promover o implementar el proceso terapéutico, tal alteración debe hacerse dentro de las restricciones psicosociales impuestas por el marco de referencia del cliente, y este marco de referencia puede no ser compatible en absoluto con el del terapeuta. Un programa de tratamiento diseñado con cuidado tiene la mayor probabilidad de éxito a largo plazo si permite al cliente vivir eficazmente dentro de las restricciones, limitantes pero familiares, de su propio sistema de valores sexuales y sociales. Por supuesto, las pautas de conducta establecidas se pueden modificar cuando sea necesario, pero nunca se debe intentar reconstruir los sistemas de valores básicos del cliente a imagen de los del terapeuta, ya que, cuando finalice el programa, el cliente tiene pocas probabilidades de disfrutar de un resultado terapéutico positivo si está comprometido por el peso de la autoridad a interpretar, ajustarse y vivir según los sistemas de valores sociales y sexuales del profesional.

William Masters y Virginia Johnson (1979) Homosexualidad en perspectiva. Buenos Aires: Editorial Intermédica, p. 261

(He modificado parcialmente la traducción de Diana Perriard. La negrita es mía.)

In therapy, the Institute’s modus operandi is to identify, evaluate, and then openly discuss the positive and/or negative contributions that the client’s social and sexual value systems are making to his or her lifestyle. If an alteration need occur in the client’s value systems in order to either instigate or implement the therapy process, the alteration must be accomplished within the psychosocial restrictions imposed by the client’s frame of reference -and this frame of reference might not be at all compatible with that of the therapist. A carefully designed treatment program has the best chance for long-range success if it enables the client to live effectively within the encompassing but familiar restrictions of his or her own  sexual and social value systems. Of course, established behavior patterns should be modified when necessary, but no attempt should be made to reconstruct the client’s basic value systems in a new image (the therapist’s). For once the treatment is terminated, the client will have little chance of enjoying a positive treatment result if he or she is commited by authoritative dominance to interpreting, adjusting to, and living within the social and sexual value systems of the therapist.

William Masters and Virginia Johnson (1982 [1979]) Homosexuality in perspective. New York: Bantam Books, p. 334

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max-mosleyTodos los periódicos han recogido la noticia: el presidente de una federación participó en una orgía con cinco prostitutas. Como parte de la fiesta, hubo juego de roles BDSM, algunos de ellos de temática nazi. Piden su dimisión por considerar este comportamiento indigno e incompatible con su cargo. Además, mencionan el parentesco nazi de su padre como agravante. Sobre esto último debo de andar muy despistado porque no creía que los hijos fuesen responsables de la ideología paterna.

Pero vamos al meollo: en sus ratos libres, en el disfrute de su erótica, un señor se monta una orgía, paga a unas prostitutas y juegan a buenos y malos. ¡¡¿Y?!! ¿A quién le importa esto?

¿Hay eróticas dignas e indignas? ¿Ahora hay que ponerse lúbrico sólo con lo políticamente correcto? ¿Acaso los deseos siguen normas sociales? ¿La intromisión en la vida privada no es un rasgo de los fascismos? ¿Sólo son fiables las personas que se acuestan con su esposa en la postura del misionero? ¿Desde cuándo juzgamos la adecuación al trabajo por los deseos eróticos?

No es un caso único. El linchamiento mediático que acompaña cualquier revelación sobre la vida erótica de los personajes públicos (especialmente si se trata de sadomasoquismo) revela el puritanismo que todavía tiñe las actitudes de muchos.

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