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Posts Tagged ‘farmacéuticas’

[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 67 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Desde hace años, algunos tenemos la sospecha de que determinados estudios que se publican en revistas científicas son pura propaganda al servicio de las farmacéuticas. Moynihan ha escrito un libro (Ray Moynihan y Barbara Mintzes, Sex, lies, and pharmaceuticals: How drug companies plan to profit from female sexual dysfunction, Greystone Books, 2010) documentando con claridad, rigor y ponderación esta intuición, centrándose en la construcción y venta de la disfunción sexual femenina.

Empecemos por una cifra vergonzosa: 43%. Ese porcentaje indica la prevalencia de disfunciones sexuales femeninas en la población norteamericana. Al menos, según el artículo del prestigioso Journal of the American Medical Association titulado “Disfunciones sexuales en EE.UU: prevalencia y predictores” (Laumann EO, Paik A, Rosen RC. Sexual dysfunction in the United States: prevalence and predictors, JAMA,Vol. 281(6), 1999, pp. 537-44.). Dicha cifra hipercitada ha dado lugar a un malentendido: estamos ante una pandemia de disfunciones femeninas infradiagnosticadas.

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[Texto coescrito con Ana Mañas y publicado en el periódico Diagonal en agosto de 2011. El artículo en pdf, aquí.  A continuación, una versión enriquecida con enlaces.]

Erótica en pastillas: ¿píldora azul o rosa?

ANA G. MAÑAS Y J. LEJÁRRAGA (sexólogos)

La medicalización es el proceso por el que problemas no médicos se definen y abordan como problemas médicos, generalmente en términos de enfermedad y trastornos, a través del lenguaje, el marco teórico y la intervención. En los últimos tiempos, procesos básicos de sexuación, como la calvicie, el síndrome premenstrual y la menopausia se han visto como enfermedades necesitadas de tratamiento.

Según documenta con rigor Ray Moynihan en Sex, Lies and Pharmaceuticals (2010), las farmacéuticas han ampliado los límites de lo que cabe entender por enfermedad, trampeando los mecanismos de legitimación científica hasta el punto de fomentar la creación de enfermedades después de que exista un fármaco que trataría los supuestos síntomas. Investigado como medicamento para la angina de pecho por su función vasodilatadora, en 1998 se comercializa Viagra como facilitador de la erección, restringido a hombres mayores de 60 con diabetes o problemas de próstata. Pronto las compañías farmacéuticas amplían su público a casi cualquier hombre que haya tenido alguna vez dificultades de erección, convirtiéndolo implícitamente en una droga recreativa.

Se presupone la existencia de un estándar de lo que es una erección “normal” y se patologiza la desviación de esa inexistente norma, creando inseguridad en los hombres acerca de su desempeño eréctil, y por tanto como amantes capaces de mantener relaciones de pareja satisfactorias. Se construye así una idea del encuentro erótico restringido a la erección y la penetración vaginal, reforzando el modelo de la cópula con un guion claro que seguir dictado por la naturalización de los deseos y la perpetuación de la especie. Todo ello con un marketing apoyado por los medios de masas y basada en deportistas de élite que sugieren la idea de que el hombre, para ser más hombre, debe competir, tanto con otros como con uno mismo.
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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 64 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Un grupo de investigadores de la Universidad de Pastizara está estudiando finalmente una de las causas menos mencionadas y quizá más relevantes del desastre financiero que nos asola: se trata del trastorno de deseo monetario hiperactivo (TDMH), cuya inclusión se ha propuesto para el nuevo DSM 5. Según un artículo reciente [1], la prevalencia de este trastorno entre las élites financieras y bancarias ronda el 43%.

El rasgo central del TDMH es el deseo de enriquecimiento más allá de lo necesario para obtener el bienestar, utilizando para ello cualquier recurso, incluidas las reformas legales torticeras. El trastorno, claramente infradiagnosticado, había pasado desapercibido hasta la fecha ya que cursa con tranquilidad de conciencia y goza del beneplácito social. Numerosos experimentos realizados con un escáner de neuroimagen han demostrado que en el cerebro de los banqueros y los corredores de bolsa el mecanismo de saciación y el sentimiento de vergüenza están obturados. Afortunadamente, cuando se les sometió a un tratamiento restrictivo (vivir con 900 euros al mes durante 6 meses), el 100% sobrevivió y reportó un gran porcentaje de eventos no monetarios satisfactorios (ENMS): hablar con su pareja, quedar con los amigos, leer una novela, salir al campo, observar el atardecer.

Boehringer Ingelheim (BI), la compañía farmacéutica alemana que llevaba años intentando comercializar un fármaco contra el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH), negó haber formado parte del tratamiento contra el TDMH cuando anunció que no iba a proseguir sus investigaciones sobre el efecto de Flibanserina en mujeres con bajo deseo tras el rechazo por 10 votos contra 1 de la aprobación de dicho fármaco por la agencia norteamericana que evalúa las propiedades de los medicamentos (FDA). Flibanserina había sido publicitado intensivamente como el remedio que iba a devolver el deseo a las mujeres que experimentaban un malestar por su carencia.

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