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Posts Tagged ‘Kinsey’

[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 70 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

(Publicado originalmente en Journal of Sex & Marital Therapy, Volume 36, Issue 2 (2010), pp. 176-179. Traducción: Juan Lejárraga)

Volkmar Sigusch, Geschichte der Sexualwissenschaft [Historia de la sexología], Frankfurt/New York: Campus, 2008, 720 páginas.

Brunhild Kring
Counseling and Behavioral Health Service, New York University

A mediados de los 70 fui estudiante de medicina en la Universidad de Frankfurt/Main en Alemania y asistí al curso de Volkmar Sigusch sobre sexualidad humana. Su clase era una innovación revolucionaria en la educación médica porque la sexualidad nunca se había enseñado en un rico contexto interpersonal e histórico, más allá de los hecho biológicos elementales.

El locuaz Sigusch ha sido un activista político y social toda su vida. Creció en la antigua Alemania del Este donde fue arrestado por difundir los primeros escritos de Karl Marx, que eran contrarios al canon comunista oficial. Huyó a Alemania Occidental poco antes de que el Muro se construyese en 1961. Estudió medicina, filosofía y sociología en Hamburgo y Frankfurt y fue alumno de Max Horkheimer y Theodor Adorno, los investigadores principales de la Escuela de Frankfurt. Además de ser un prolífico investigador, profesor universitario y atender una consulta, Sigusch buscó alcanzar una amplia audiencia a través de ensayos, columnas provocadoras, y entrevistas en los medios de comunicación alemanes. Erudito y de difícil categorización, Sigusch a veces se ha opuesto al activismo popular. Sin embargo, su colega sexólogo y colaborador cercano, Martin Dannecker, galvanizó el movimiento de liberación gay.

El libro de Sigusch sobre la historia de la sexología -de momento solo disponible en alemán (hasta la fecha no se ha traducido)- subraya la construcción social de la sexualidad y nos recuerda que la sexología empezó mucho antes de Kinsey y Masters y Johnson.
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[Artículo publicado en el boletín de enero 2010 de la librería de sexología Primera Vocal]

Esperando la traducción de…

Puestos a pedir, me gustaría ver una colección de libros clásicos de sexología que tradujese ordenadamente un mínimo canon de autores indiscutibles: Bloch, Ellis, Hirschfeld, Moll… Gran parte de su obra nunca ha sido traducida al español (es clamoroso el caso de Hirschfeld) o se halla descatalogada desde hace casi un siglo, como sucede con Ellis, que vio pronta traducción al español de su obra capital, los siete volúmenes de Estudios de psicología sexual. Si no las obras completas, tal vez sea factible una antología generosa de cada autor encabezada por una sólida introducción, a la manera de la “Biblioteca de grandes pensadores” con que la editorial Gredos se ha propuesto dar a conocer el canon filosófico.

Dada la dispersión editorial, el oportunismo y el descuido generalizado con que se realiza la política de traducciones en el mundo editorial español, no pediré peras al olmo. Me contento entonces con señalar algunos libros cuya presencia vendría a cubrir algunas de las múltiples lagunas existentes en el ámbito sexológico.

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 57 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Kinsey en la red

kinsey505x476Kinsey es probablemente el sexólogo más citado y menos leído. La simplificación estadística ha ocultado las riquezas enterradas en las 1600 páginas de sus dos volúmenes sobre la conducta sexual del hombre y la mujer. Tampoco ha sido de ayuda el abandono editorial (compartido con Masters y Johnson) en que se encuentra actualmente. Publicados en 1948 y 1953, ambos informes se reeditaron en 1998. En español hubo pronta traducción hispanoamericana en el 49 y el 54, aunque la versión que gozó de mayor difusión fue la argentina de la editorial Siglo Veinte en 1967 y 1968. Hoy día solo está “vivo” editorialmente el volumen masculino, publicado por la Universidad de Indiana. Para paliar esta primera dificultad en el acceso a los textos de Kinsey se hace necesario recurrir a diversas librerías de segunda mano que todavía ofrecen la posibilidad de hacerse con ambos volúmenes: Amazon, claro; la muy útil Bookfinder; y en español, Iberlibro y Uniliber. Y mientras llegan, se les puede echar un vistazo en línea gracias a Googlebooks.

Tras lanzar nuestras redes por las librerías digitales, el segundo puerto al que arribar en busca de material es el propio Instituto Kinsey. Pinchando en la pestaña de investigación, podemos acceder al cuestionario que el equipo de Kinsey empleaba para realizar las entrevistas y el libro de códigos con que registraban esa información. A partir de ahí, curioseando en los enlaces, se puede ver una presentación de los estudios; un resumen de los resultados estadísticos relativos a las distintas prácticas amatorias; una presentación de la escala de heterosexualidad-homosexualidad, junto a bibliografía actual que evalúa su pertinencia; una sección dedicada a la controversia sobre los datos de sexualidad infantil; la sólida introducción que Bancroft, entonces director del Instituto, realizó para la reedición de los informes con motivo del 50 aniversario; un brevísimo clip de vídeo donde Kinsey habla de los motivos por los que empezó a investigar en este campo; un album con fotos de la época; y hasta información sobre la muy apreciable película de Bill Condon, Kinsey.

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 52 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Sexología e Internet

La expansión de Internet ha modificado la Sexología acortando tiempos, abaratando costes y descentralizando la información. El saber ya no se encuentra en una cara enciclopedia cuya consulta habría requerido antes un engorroso acercamiento a la biblioteca más cercana con la esperanza de dar con ella. A veces tampoco es preciso pedir cita con un profesional, desplazarse a consulta y pagarle. Muchos de estos trámites ahora pueden solventarse por Internet.

El anonimato que procura la red ha favorecido la proliferación de consultorios o asesorías sexológicas que permiten plantear las cuestiones más delicadas sin tener que dar a conocer la identidad, y en general de manera gratuita.

Las ventajas de Internet son múltiples: información actualizada, mayor acceso a contenidos antaño ocultos o sepultados en revistas especializadas, mayor rapidez para solucionar dudas puntuales, posibilidad de leer obras de difícil localización (por ejemplo, casi toda la obra sexológica de Havelock Ellis está en bibliotecas digitales como la del Proyecto Gutenberg).

A pesar de que muchas universidades todavía no permiten acceder a la información científica que poseen, la tendencia en el resto de instituciones, organizaciones, fundaciones privadas, etc., es la contraria: abrirse a la libre circulación del conocimiento (Haeberle, 2004). Con la posibilidad de acudir a otras fuentes de información en Internet, el dilema es ganar dinero o perder capacidad de influencia.

Como contrapunto a su facilidad de acceso, conviene subrayar que la información disponible en la red no siempre goza de los criterios de rigor tradicionales del mundo editorial, por lo que no cabe descartar el recurso a las fuentes clásicas de documentación especializada (Carpintero y López, 1994). De hecho, librerías virtuales como Amazon o Iberlibro, y Google Books, el buscador de libros de Google, son una muestra de la perfecta convivencia entre los libros y lo digital: permiten hojear algunas páginas del contenido, conocer obras relacionadas y volver a poner en circulación libros descatalogados condenados al olvido en remotas librerías de segunda mano.

La búsqueda de información sexológica por Internet se enfrenta a dos escollos: la dispersión y la morralla. La dispersión se debe a la ausencia de una base de datos que incluya toda la bibliografía relacionada con la Sexología. Una pesquisa bibliográfica sobre cualquier asunto obligaría a revisar bases de datos especializadas en distintas disciplinas (Biología, Psicología, Educación, Sociología, Criminología…). La morralla es la cantidad de resultados inútiles o pornográficos que arroja cualquier buscador no especializado al introducir términos relacionados con el sexo. Una dificultad añadida, especialmente si se trabaja desde bibliotecas públicas, es la existencia de filtros que bloquean el acceso a páginas consideradas pornográficas o que contienen palabras clave incluidas en una lista negra. De ahí la importancia de encontrar descriptores válidos para las búsquedas en Internet. Por ejemplo, funciona mejor “sexualidad” que “sexo” (Alonso-Arbiol, 2005).

La Sexología no puede mantenerse al margen de nuevas realidades emergentes como la cibersexualidad, las relaciones virtuales, la polémica adicción a la pornografía y el efecto de Internet sobre la gente con peculiaridades eróticas (Zolbrod, 2004). Se abren áreas de investigación que demandan una perspectiva sexológica más comprensiva que la mirada patologizante, siempre dispuesta a ver los peligros del sexo en vez de sus oportunidades de felicidad (Ullerstam, 1967).

Otra de las ventajas de Internet es que las personas cuyas peculiaridades sexuales han sido estigmatizadas se agrupan en foros o listas de discusión a modo de comunidades donde compartir experiencias y reivindicar su identidad, lo que facilita su estudio en muestras no clínicas. Este aspecto no ha sido aprovechado lo suficiente, a pesar de que el uso de anuncios en estos foros para colaborar en investigaciones ya ha dado algunos frutos en temas marcados todavía por el tabú o las descalificaciones morales (p. ej., la zoofilia; véase Williams y Weinberg, 2003).

Dadas las características oceánicas de Internet no habría sido difícil hacer acopio de un centenar de páginas web, institucionales o de otro tipo, relacionadas con la Sexología. Nos ha parecido más práctico, sin embargo, espigar dos decenas especialmente útiles para el profesional de la Sexología que busca recursos fiables donde contrastar datos, ampliar conocimientos o investigar.

Otra posibilidad, descartada por razones de espacio, hubiera sido realizar un acercamiento temático a cuestiones más especializadas. Para compensarlo, ofrecemos dos direcciones donde encontrar un festín de enlaces.1

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Anormalidades sexuales

…there are only three kinds of sexual abnormalities: abstinence, celibacy and delayed marriage. Think about this.

…solo hay tres tipos de anormalidades sexuales: la abstinencia, el celibato y el matrimonio tardío. Piensen sobre esto.

Alfred Kinsey (1894-1956)

(Es uno de los típicos comentarios que a Kinsey le gustaba hacer para escandalizar a la gente. Forma parte de los cursos que impartió sobre el matrimonio en la Universidad de Indiana. Hay que entender que no está abogando por casarse pronto, sino por follar antes del matrimonio. En 1938, la palabra matrimonio era el eufemismo para hacer referencia a follar.)

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Tras un año agotador por el trabajo y la formación de posgrado en recursos humanos pro pane lucrando, avizoré un verano libérrimo, consagrado por fin a la lectura sexológica: Masters y Johnson sobre todo, pero también picoteos en Brecher, Money y el inabarcable Havelock Ellis. Quedó pendiente, entre tantas opciones, un proyecto de relectura de Julián Marías. Empecé a leerle hará unos doce años (al alimón con Laín Entralgo) y tuvo un efecto balsámico de orientación existencial en tiempos recios. Lo traigo a colación porque veo que muchas de las cosas que apuntaba se retoman en el máster y me gustaría repensar sus propuestas. (Qué atrevimiento el suyo, frente al bobo igualitarismo, dedicar un capítulo a la felicidad masculina y otro a la femenina.)

Un poco antes, por seguir con la clave biográfica, mientras estudiaba el COU en Estados Unidos, leí con avidez Men are from Mars, women are from Venus de John Gray. Zambullido en una relación incomprensible con una francesa, y enamorado al tiempo de otra chica que no me hacía mucho caso, encontré en la sencillez americanota de Martes y Venus multitud de claves que no solo me facilitaron el trato con el otro sexo sino que me permitieron entenderme mejor. Una lectura interesada me llevó a ver, más que compartimentos estancos, formas distintas de acercarse a la realidad. Digo interesada porque detecté varios patrones femeninos en mí, entremezclados con otros característicamente masculinos. No me importaba si tenía más de uno u otro tipo. Lo esencial era haber descubierto que existían básicamente esos dos modos, y cada cual tenía su peculiar mezcla (eso que Hirschfeld llamaba intersexualidad, aunque por entonces no lo sabía).

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