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Posts Tagged ‘medicalización’

Es habitual tropezar por estas fechas con multitud de listados de las mejores películas, exposiciones, obras de teatro, libros, etc., del año. Por una vez, no he querido sustraerme a la tentación de elaborar mi propia lista de recomendaciones librescas.

No pretendo ser exhaustivo ni mucho menos equilibrado. Se trata sin más de 10 libros publicados en 2015 y que, por mis particulares intereses en estos momentos, me han llamado la atención. Como dato curioso, sólo uno está escrito por una sexóloga.

Si algún día tengo algo de tiempo libre, me gustaría publicar reseñas de varios de ellos. Si no (que es lo más probable, a qué engañarse), al menos dejo aquí constancia de su calidad varios codos por encima de la morralla habitual con que nos castigan los editores del ramo bajo el marbete de “sexualidad”.

¡Feliz lectura!

Children, Sexuality and SexualizationCómo trabajar en sexología con jóvenes y adolescentesFeederism

Handbook of the Sociology of SexualitiesLa medicalización del sexo.On Hysteria

Sex Addiction. A Critical HistorySex, Knowledge, and Receptions of the PastSexology and TranslationA Global History of Sex Education

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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 67 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Desde hace años, algunos tenemos la sospecha de que determinados estudios que se publican en revistas científicas son pura propaganda al servicio de las farmacéuticas. Moynihan ha escrito un libro (Ray Moynihan y Barbara Mintzes, Sex, lies, and pharmaceuticals: How drug companies plan to profit from female sexual dysfunction, Greystone Books, 2010) documentando con claridad, rigor y ponderación esta intuición, centrándose en la construcción y venta de la disfunción sexual femenina.

Empecemos por una cifra vergonzosa: 43%. Ese porcentaje indica la prevalencia de disfunciones sexuales femeninas en la población norteamericana. Al menos, según el artículo del prestigioso Journal of the American Medical Association titulado “Disfunciones sexuales en EE.UU: prevalencia y predictores” (Laumann EO, Paik A, Rosen RC. Sexual dysfunction in the United States: prevalence and predictors, JAMA,Vol. 281(6), 1999, pp. 537-44.). Dicha cifra hipercitada ha dado lugar a un malentendido: estamos ante una pandemia de disfunciones femeninas infradiagnosticadas.

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[Texto coescrito con Ana Mañas y publicado en el periódico Diagonal en agosto de 2011. El artículo en pdf, aquí.  A continuación, una versión enriquecida con enlaces.]

Erótica en pastillas: ¿píldora azul o rosa?

ANA G. MAÑAS Y J. LEJÁRRAGA (sexólogos)

La medicalización es el proceso por el que problemas no médicos se definen y abordan como problemas médicos, generalmente en términos de enfermedad y trastornos, a través del lenguaje, el marco teórico y la intervención. En los últimos tiempos, procesos básicos de sexuación, como la calvicie, el síndrome premenstrual y la menopausia se han visto como enfermedades necesitadas de tratamiento.

Según documenta con rigor Ray Moynihan en Sex, Lies and Pharmaceuticals (2010), las farmacéuticas han ampliado los límites de lo que cabe entender por enfermedad, trampeando los mecanismos de legitimación científica hasta el punto de fomentar la creación de enfermedades después de que exista un fármaco que trataría los supuestos síntomas. Investigado como medicamento para la angina de pecho por su función vasodilatadora, en 1998 se comercializa Viagra como facilitador de la erección, restringido a hombres mayores de 60 con diabetes o problemas de próstata. Pronto las compañías farmacéuticas amplían su público a casi cualquier hombre que haya tenido alguna vez dificultades de erección, convirtiéndolo implícitamente en una droga recreativa.

Se presupone la existencia de un estándar de lo que es una erección “normal” y se patologiza la desviación de esa inexistente norma, creando inseguridad en los hombres acerca de su desempeño eréctil, y por tanto como amantes capaces de mantener relaciones de pareja satisfactorias. Se construye así una idea del encuentro erótico restringido a la erección y la penetración vaginal, reforzando el modelo de la cópula con un guion claro que seguir dictado por la naturalización de los deseos y la perpetuación de la especie. Todo ello con un marketing apoyado por los medios de masas y basada en deportistas de élite que sugieren la idea de que el hombre, para ser más hombre, debe competir, tanto con otros como con uno mismo.
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[Texto publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 64 de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)]

Un grupo de investigadores de la Universidad de Pastizara está estudiando finalmente una de las causas menos mencionadas y quizá más relevantes del desastre financiero que nos asola: se trata del trastorno de deseo monetario hiperactivo (TDMH), cuya inclusión se ha propuesto para el nuevo DSM 5. Según un artículo reciente [1], la prevalencia de este trastorno entre las élites financieras y bancarias ronda el 43%.

El rasgo central del TDMH es el deseo de enriquecimiento más allá de lo necesario para obtener el bienestar, utilizando para ello cualquier recurso, incluidas las reformas legales torticeras. El trastorno, claramente infradiagnosticado, había pasado desapercibido hasta la fecha ya que cursa con tranquilidad de conciencia y goza del beneplácito social. Numerosos experimentos realizados con un escáner de neuroimagen han demostrado que en el cerebro de los banqueros y los corredores de bolsa el mecanismo de saciación y el sentimiento de vergüenza están obturados. Afortunadamente, cuando se les sometió a un tratamiento restrictivo (vivir con 900 euros al mes durante 6 meses), el 100% sobrevivió y reportó un gran porcentaje de eventos no monetarios satisfactorios (ENMS): hablar con su pareja, quedar con los amigos, leer una novela, salir al campo, observar el atardecer.

Boehringer Ingelheim (BI), la compañía farmacéutica alemana que llevaba años intentando comercializar un fármaco contra el trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH), negó haber formado parte del tratamiento contra el TDMH cuando anunció que no iba a proseguir sus investigaciones sobre el efecto de Flibanserina en mujeres con bajo deseo tras el rechazo por 10 votos contra 1 de la aprobación de dicho fármaco por la agencia norteamericana que evalúa las propiedades de los medicamentos (FDA). Flibanserina había sido publicitado intensivamente como el remedio que iba a devolver el deseo a las mujeres que experimentaban un malestar por su carencia.

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dsmvDesde hace 10 años se viene trabajando en la quinta versión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM) de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos (APA). A medida que se acerca la fecha de publicación del DSM-V (mayo de 2013), crece el runrún acerca de qué se quitará y qué se añadirá. Con el propósito de aumentar la transparencia acerca del proceso por el que se llega a conclusiones, se han ido publicando algunas deliberaciones de los grupos de trabajo. Aquí me referiré solo a dos artículos de Martin Kafka recién publicados en la versión en línea de Archives of sexual behavior sobre los fetichismos y las parafilias no especificadas.

Antes de patinar sobre el blablabla, conviene prestar atención a un par de detalles gordos: que al hablar de parafilias, en el contexto del DSM, estamos hablando de trastornos mentales y que esto lo promueven los psiquiatras. Ya, ya: inventada por Friedrich S. Krauss (1859 -1938) para sustituir la de perversión, la palabra parafilia fue apadrinada por el sexólogo John Money (1977); pero, entre todo lo bueno que escribió, ¿hay que resucitar lo peor suyo (el tufillo patologizante, junto con el jaleo del género y el sexo)? Además, luego la palabra cobró otros derroteros descontextualizada de la obra de Money.

Por tanto, ojito. Si las peculiaridades eróticas son patrimonio de todos -cada cual las suyas-, ¿tiene sentido considerarlas trastornos mentales? Pues esto es lo que hacen muchos “profesionales de la sexología” abducidos por la terminología psiquiátrica y sus ansias patologizadoras. De rebote, esto es lo que repiten muchos usuarios cuando al consultar sus dudas dicen que tienen una parafilia porque les excitan especialmente los pies, o las camisetas mojadas. ¿De veras se están etiquetando de trastornados mentales? ¿Y encima les seguimos el juego?

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cuerdasLa muerte de David Carradine en Tailandia por autoasfixia erótica este verano volvió a sacar a la luz esta práctica erótica para caer rápidamente en el olvido. El patrón se produce de vez en cuando. Un diputado británico, un cantante, alguien famoso, en fin, es encontrado muerto en extrañas circunstancias, que al principio intentan ocultarse. Después se van conociendo otros detalles y al final, entre bromas y patologizaciones, se acaba concluyendo que la asfixia erótica es muy peligrosa y que la gente que la practica está un poco mal de la cabeza.

Sobre esta cuestión me gustaría hacer dos comentarios: uno metodológico y otro sexológico. El metodológico pone en cuestión la extrema peligrosidad de la asfixia erótica. Según los datos más fiables (Sauvageau, 2006), se producen unas 500-1000 muertes al año en Estados Unidos, que tiene una población de 300 millones de habitantes . Es decir, entre 2-3 muertes diarias. Comparado con otras cifras de muertos accidentales parecen bastante bajas. Hasta los muertos por ahogamiento son mayores. De hecho, Carradine murió con 72 años, y que sepamos las peculiaridades eróticas se descubren y empiezan a disfrutar desde muy temprano (adolescencia o primera juventud). Lo que quiere decir que Carradine debía de llevar unos 60 años disfrutando de la autoasfixia erótica de manera segura. (También puede ser que fuera excepcionalmente precavido y un caso no representativo.).

Lo cierto es que carecemos de datos del número de practicantes y su frecuencia para poder estimar la peligrosidad real de la asfixia erótica. Por eso me sorprende que se afirme tan a la ligera que es una práctica muy peligrosa y para contextualizar mínimamente los datos sugiero simplemente ponerlos en relación con otras muertes accidentales . Dado que las estadísticas sobre la asfixia erótica no son completas, solo puedo resaltar las dudas que me surgen al ver la utilización interesada de los escasos datos disponibles (por lo demás, casi siempre de procedencia forense).

El segundo aspecto que me interesa es el enfoque sexológico (o su ausencia) al abordar este asunto.

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leyendo_periódicoNo voy a entrar ahora en el tratamiento mediático del sexo (superficial, patologizador, siempre resaltando peligros, etc.) y su incapacidad para presentar una visión compleja, matizada, positiva.

Lo que me ha llamado la atención es una referencia aparecida en un reciente reportaje, 93 millones de formas de practicar el sexo. Escribe la periodista: “En un estudio que se considera referencia en la materia, Cybersex: The dark side of the force (Cibersexo: el lado oscuro de la fuerza) […]”.

Evidentemente, la periodista no conocía ese libro de antemano sino que lo cita porque alguno de sus “expertos” consultados se lo ha mencionado con admiración. Sin embargo, resulta que no es un estudio sino una recopilación de estudios publicados con anterioridad en la revista Sexual Addiction & Compulsivity (uno de cuyos editores es el científicamente inaceptable Patrick Carnes).

¿Y qué dice sobre este libro el Journal of sex research, una de las revistas más prestigiosas en el campo de la sexología? Pues que es un resumen de las últimas investigaciones que será de utilidad para quien desconozca el área del cibersexo, pero que los clínicos especializados

probablemente no encontrarán lo que buscan en este texto básico y, a veces, simplista.

¿Referencia en la materia? ¿Expertos? Esto es lo que pulula por los periódicos: lo básico y simplista.

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